lunes, 12 de mayo de 2008

``EL FACTOR AMISTAD... RELACIONES AMANTES´´


La vida moderna se carcteriza por el estrés. Con o sin razón, de manera real o imaginaria, todos --niños o ancianos-- parecen sentir su impacto. ¿Cómo librarse del estrés? ¿Existe algún factor que disminuya el estrés y aumente el gozo de vivir?
No hace mucho tiempo, la escuela secundaria de la Universidad Andrews llevó a cabo un estudio en el que participaron 179 alumnos. Una de las preguntas que debían responder era: "Si estuvieras abandonado en una isla desierta, ¿qué cosa desearías?" Los alumnos debían elegir sólo una de entre varias opciones. El 1 por ciento marcó "indumentaria y accesorios". El 4 por ciento dijo desear la compañía de un equipo musical o deportivo. El 18 por ciento deseaba alimentos. El 16 por ciento, una Biblia. El 2 por ciento señaló la radio y la TV para mantenerse en contacto con el mundo. El 3 por ciento eligió estar con alguien a quien nunca hubiera visto. Pero un abrumador 54 por ciento dijo que desearía un amigo, un conocido, alguien real con quien conversar.
¿Es tan crucial la amistad para la vida, para vencer la soledad y llevar una vida normal? Skip MacCarty, pastor asociado de la iglesia Pioneer Memorial de la misma universidad, dictó un curso llamado: "El estrés: Más allá del afrontamiento". Una parte del curso se titula: "El factor Amigo", y muestra el poder de las relaciones para hacerle frente al estrés y mantenernos sanos.
Una encuesta nacional conducida por la revista Prevention, que contó con 11.000 participantes, reveló que lo que se cree que causa el mayor estrés son "los desacuerdos y conflictos con las personas que amamos" (58 por ciento). En segundo lugar están los problemas financieros (55 por ciento), y en un lejano tercer lugar el ritmo de la vida moderna. Las amistades íntimas y leales son los elementos más importantes de una vida feliz, saludable y plena.
Otro estudio, publicado en el American Journal of Psychiatry, mostró que los hombres en proceso de separación o divorcio tienen 1000 por ciento más probabilidades de tener que recurrir a servicios psiquiátricos. En las mujeres el índice es del 500 por ciento. La soledad y las relaciones distantes parecen afectar más a los hombres. Los solteros, separados, divorciados y viudos no viven tanto como los casados. ¡Las mujeres parecen arreglárselas mejor sin los hombres que los hombres sin ellas! Las mujeres tienen conversaciones más íntimas entre ellas. Los hombres hablan de deportes, automóviles, política y de temas similares. Luego de un ataque cardíaco, los hombres ancianos con dos o más amigos o parientes íntimos habían tenido la mitad de la cantidad de muertes que los ancianos que no tenían amigos.
Un estudio de las historias clínicas de 1.337 alumnos de la John Hopkins University reveló que los factores psicológicos que más se correlacionan con las enfermedades son (1) la falta de relaciones estrechas con los progenitores y (2) las actitudes negativas hacia la familia propia. Estos y otros hallazgos hicieron que James Lynch, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland, escribiera: "En un número sorprendente de casos de enfermedades coronarias y de muertes prematuras, la infelicidad interpersonal, la falta de amor y la soledad parecen ser las causas de los problemas físicos".
Barbara Powell agrega: "En mi profesión como psicóloga clínica, no importa cuál sea la queja inicial del paciente --insomnio, fobia, depresión, ansiedad, o falta de dirección en la vida--, la situación generalmente tiene que ver con relaciones estresantes o con el estrés provocado por no tener una relación".
Relaciones amantes
Un anuncio en un boletín de iglesia decía: "El 24 de octubre, Irving Benson y Jessie Carter se unieron en matrimonio. Es el fin de una amistad que comenzó en el colegio". ¿Parece raro? No, si pensamos que hoy en día, el 50 por ciento de los matrimonios norteamericanos termina en divorcio: Personas que han sido amigas dejan de serlo y la relación termina.
Las relaciones amantes y las amistades leales contribuyen al apoyo social necesario en momentos de estrés severo, a la vez que promueven la salud y la longevidad. Un equipo de investigación de la Universidad de Houston, conducido por Dorbert Nerum, se propuso ver si la dieta es lo único que aumenta el colesterol y produce un ataque cardíaco. Entonces sometieron a una dieta alta en colesterol a un grupo de conejos. La dieta funcionó: los conejos comenzaron a tener un índice alto de colesterol y de enfermedades cardíacas. Al examinar los datos, notaron que un grupo de conejos parecía no tener niveles de colesterol altos ni enfermedades cardíacas. Como todos recibían la misma dieta, revisaron los datos. Después de un análisis detenido, descubrieron, para su asombro, que el asistente que alimentaba los conejos a menudo lo hacía con su hija. Ella, sin saber que interfería en el experimento, alimentaba a los conejos y entonces abría la jaula y mimaba a los animalitos. Los conejos que eran alzados en brazos, mimados, a los que se les hablaba y con los que se jugaba con regularidad, tenían un 60 por ciento menos de enfermedades cardiovasculares.
La diferencia fue tan significativa que repitieron el experimento. Esta vez, se jugó y mimó intencionalmente a un grupo de conejos por varios minutos a la hora del alimento. Los resultados concordaron con el experimento previo. A los investigadores les costaba creer que sólo el contacto y los mimos hicieran tanta diferencia en la salud cardiovascular de estos conejos así que realizaron el experimento por tercera vez. Los resultados fueron los mismos: ¡Con sólo mimar a los conejos, las enfermedades cardíacas disminuyeron un 60 por ciento!
Tiene que haber algo de cierto en la frase que dice: Se necesitan cuatro abrazos por día para sobrevivir, ocho para mantenerse en estado y doce para crecer. ¿Te han abrazado hoy?
El efecto de un abrazo
Un amigo me envió fotografías de dos bebés mellizas prematuras. Las enfermeras pensaban que no sobrevivirían. La más grande de las bebés parecía tener más probabilidades, pero la otra no. Así que cuando creyeron que la más pequeña moriría, una de las enfermeras la puso junto a su hermana en la incubadora. Casi al instante, la más grande la rodeó con su bracito y se acurrucó junto a ella toda la noche, abrazándola con fuerza. A pesar de las sondas en los brazos y en la nariz de ambas, estaban juntas. Y eso bastó. Las enfermeras notaron que desde ese momento la más pequeña comenzó a mejorar. Al día siguiente, se sorprendieron al ver cuán bien reaccionaba. Y a partir de allí, creció y aumentó de peso. Las dos mejoraron. Un abrazo y la cercanía mutua logró la transformación.
El Dr. Lester Breslow, decano de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de California, en Los Angeles, llevó a cabo un estudio en el que participaron 7.000 personas durante nueve años. Al comienzo del estudio, les preguntó cuántos amigos íntimos tenían. Al fin de los nueve años, comparó los que habían muerto con el número de amigos de cada uno. A cualquier edad, los grupos que tenían menos amigos tuvieron tres veces más muertes que los demás.
Cinco niveles de relaciones
Las relaciones existen en cinco niveles. En el primer escalón está el nivel de extraño. Son las personas con las que nos cruzamos, saludamos, pero no conocemos. El siguiente nivel es el de conocido: gente con la que hablamos y le decimos la hora o le hablamos del clima. El tercero es el nivel de amistad casual. Es gente que trabaja en el mismo lugar que nosotros o está en la misma clase. Con ellos, intercambiamos opiniones de vez en cuando o alguna que otra idea. En el cuarto nivel está el grupo más estrecho de 10 a 15 personas a las que podemos revelar algunos de nuestros sentimientos y emociones. En el último, se encuentran los pocos amigos íntimos que nos conocen bien. Son los amigos leales que permanecen a nuestro lado en tiempos buenos y malos. Este nivel de relación se caracteriza por una apertura completa, un sentido de aceptación y afirmación, y por una lealtad mutua.
Qué hizo Jesús
Los hallazgos de la ciencia para la cura del estrés y la manera de tener una vida gozosa ya han sido reveladas por la Biblia. ¿Qué hizo Jesús? Jesús tenía un gran círculo de conocidos. Primero estaban los 12. Luego, los 70. Y dondequiera iba, siempre había una multitud. Todos sentían que estar cerca de él y los unos con otros eran fuentes de bendiciones. Pedro, Santiago, Juan, Lázaro, María y Marta, y muchos otros. Jesús influyó en sus vidas y mientras aprendían y practicaban el arte de la amistad y la unión, su felicidad y éxito aumentaban. Cuatro días después de la muerte de Lázaro, María y Marta se aliviaron de su estrés por el solo hecho de saber que Jesús había llegado finalmente a Betania.
¿Por qué Pedro tuvo tanto éxito en el Pentecostés? Alguien tan temeroso y estresado, que llegó a negar al Señor, logró cambiar y fue un testigo poderoso. Sí, Pedro tuvo éxito por el Espíritu Santo, pero antes de recibirlo, estuvo con sus amigos en el aposento alto. El vínculo que los unía les dio valor necesario para enfrentar cualquier deafío futuro. Además, Jesús mismo había perdonado a Pedro y le había dado la seguridad de su amistad.
Los estudios muestran que no es el número de conocidos lo que hace la diferencia. Los beneficios se sienten como resultado del grado de intimidad y la calidad de la relación. Tu vida va a cambiar si tienes cuatro o cinco amigos con quienes compartir tus sentimientos y de quienes recibir los abrazos necesarios. Si al menos tienes uno de esos amigos, considérate afortunado, rico en el factor amigo.
Atesora y cultiva amistades íntimas y desinteresadas en todos los lugares y en todas las ocasiones que puedas. Si te mudas, haz nuevos amigos, pero no olvides a los viejos amigos. Llámalos o escríbeles, y lo apreciarán y te responderán de manera recíproca. Ellos nos traen gozo y felicidad; además, disminuyen nuestro estrés. Como dijo cierta vez William Temple: "Un amigo verdadero es la medicina más grande".
Pero el amigo más grande de todos es Aquel que una vez dijo: "No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí"; "Venid a mí, todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar" (Juan 14:1; Mateo 11:28). Más allá de tu edad, tu ocupación, tu sexo, y tu problema, puedes sentir gozo y liberarte del estrés, si Jesús es tu amigo. Y ninguno que tiene un amigo como Jesús puede estar trabajado o cargado.

miércoles, 7 de mayo de 2008

``EL ÁRBOL DE LOS AMIGOS´´

Este mensaje es especial. Se lo dedico a mis grandes amigos, aquellos que han dejado ``huellas en mi´´, y que han sido una gran bendición de Dios, ellos saben quienes son.
Tambíen te lo dedico a tí, que tienes ``amigos´´ y que sabes lo hermoso que es tenerlos... solo un mensaje te dejo: ``cuidalos´´, ``quierelos´´, ``confia en ellos´´...

El Árbol de los AMIGOS...

Existen personas en nuestra vida que me hacen feliz
por la simple bendición de haberme cruzado en mí camino.
Algunas recorren el camino a mi lado, viendo muchas lunas pasar,
más otras apenas vemos entre un paso y otro.
A todas llamo ``quizás`` AMIGOS y hay muchas clases de ellos.

Tal vez cada hoja de un árbol caracteriza uno de nuestros AMIGOS.
El primero que nace del brote es mi AMIGO papá y mi AMIGA MAMÁ,
Después vienen mis AMIGOS hermanos,
Con quiénes divido mi espacio para que puedan florecer como yo.
Paso a conocer a toda la familia de hojas a quien respeto y deseo el bien.

Más Dios me ha presentado a otros AMIGOS,
los cuales no sabías que irían a cruzarse en mi camino.
A muchos de ellos los llamo AMIGOS DEL ALMA, DE CORAZÓN.
Son SINCEROS, son VERDADEROS.
Saben cuando no estoy bien, saben lo que me hace feliz.

Hablando de cerca, no puedo olvidar a aquellos AMIGOS,
que algún día lo fueron,
y que cuando el viento sopla siempre aparecen entre una hoja y otra.
El tiempo pasa, el verano se va, el otoño se aproxima y perdemos algunas
de aquellas hojas,
algunos nacen en otro verano y otros permanecen por muchas estaciones.
Pero lo que me deja más feliz es que las cayeron continúan cerca,
alimentando mi raíz con recuerdos.

Te deseo MI AMIGO, hoja de mi árbol, paz, amor, salud, y bendiciones de Dios.
Simplemente porque en mi vida TÚ ERES ÚNICO.
Siempre dejas mucho de ti en mi vida, y RECUERDAS TE LLEVAS CONTIGO UN PEDAZO DE MI CORAZÓN.

Esta es la mayor responsabilidad en mi vida,
Y la prueba evidente de que dos personas no se encuentran por casualidad.

miércoles, 30 de abril de 2008

``ESPACIO PROFÉTICO ´´

CRISTO EN SU SANTUARIO
DANIEL 8:14 Y LA PROVIDENCIA DE DIOS
POR: ELENA G. DE WHITE
La obra de Dios en la tierra presenta, siglo tras siglo, sorprendente analogía en cada gran reforma o movimiento religioso. Los principios que rigen el trato de Dios con los hombres son siempre los mismos. Los movimientos importantes de hogaño concuerdan con los de antaño, y la experiencia de la iglesia en tiempos que fueron encierran lecciones de gran valor para los nuestros.
Ninguna verdad se enseña en la Biblia con mayor claridad que aquella de que, por medio de su Espíritu Santo, Dios dirige especialmente a sus siervos en la tierra en los grandes movimientos en pro del adelanto de la obra de salvación. Los hombres son en mano de Dios instrumentos de los que él se vale para realizar sus propósitos de gracia y misericordia. Cada cual tiene su papel que desempeñar; a cada cual se le ha concedido cierta medida de luz adecuada a las necesidades de su tiempo, y suficiente para permitirle cumplir la obra que Dios le asignó. Sin embargo, ningún hombre, por mucho que lo haya honrado el Cielo, alcanzó jamás a comprender completamente el gran plan de la redención, ni siquiera a apreciar debidamente el propósito divino en la obra para su propia época. Los hombres no entienden por completo lo que Dios quisiera cumplir por medio de la obra que les encomienda; no entienden, en todo su alcance, el mensaje que proclaman en su nombre . . .
Ni siquiera los profetas que fueron favorecidos por la iluminación especial del Espíritu comprendieron del todo el alcance de las revelaciones que les fueron concedidas. Su significado debía ser aclarado, de siglo en siglo, a medida que el pueblo de Dios necesitase la instrucción contenida en ellas . . .
No obstante, a pesar de no haber sido dado a los profetas que comprendieran enteramente las cosas que les fueron reveladas, procuraron con fervor toda la luz que Dios había tenido a bien manifestar. "Inquirieron y diligentemente indagaron. . . escudriñaron qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos". ¡Qué lección para el pueblo de Dios en la era cristiana, para cuyo beneficio estas profecías fueron dadas a sus siervos! "A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas". Considerad a esos santos hombres de Dios que "inquirieron y diligentemente indagaron" tocante a las revelaciones que les fueron dadas para generaciones que aún no habían nacido. Comparad su santo celo con la indiferencia con que los favorecidos en edades posteriores trataron este don del Cielo. ¡Qué censura contra la apatía, amiga de la comodidad y de la mundanalidad, que se contenta con declarar que no se pueden entender las profecías!
La experiencia de los apóstoles constituye una lección objetiva
Si bien es cierto que la inteligencia de los hombres no es capaz de penetrar en los consejos del Eterno, ni de comprender enteramente el modo como se cumplen sus designios, el hecho de que le resulten tan vagos los mensajes del Cielo se debe con frecuencia a algún error o descuido de su parte. A menudo la mente del pueblo -y hasta de los siervos de Dios- es ofuscada por las opiniones humanas las tradiciones y las falsas enseñanzas de los hombres, de suerte que éste no alcanza a comprender más que parcialmente las grandes cosas que Dios reveló en su Palabra. Así les pasó a los discípulos de Cristo cuando el mismo Señor estaba con ellos en persona. Su espíritu estaba dominado por la creencia popular de que el Mesías sería un príncipe terrenal, que exaltaría a Israel a la altura de un imperio universal, y no pudieron comprender el significado de sus palabras cuando les anunció sus padecimientos y su muerte.
El mismo Cristo los envió con el mensaje: "Se ha cumplido el tiempo, y se ha acercado el reino de Dios: arrepentíos, y creed el Evangelio" (Mar. 1: 15, VM). El mensaje se fundaba en la profecía del capítulo noveno de Daniel. El ángel había declarado que las sesenta y nueve semanas alcanzarían "hasta el Mesías Príncipe", y con grandes esperanzas y gozo anticipado los discípulos anhelaban que se estableciera en Jerusalén el reino del Mesías que debía extenderse por toda la tierra.
Predicaron el mensaje que Cristo les había confiado aun cuando ellos mismos entendían mal su significado. Aunque su mensaje se basaba en Daniel 9: 25, no notaron que, según el versículo siguiente del mismo capítulo, el Mesías iba a ser muerto. Desde su más tierna edad la esperanza de su corazón se había cifrado en la gloria de un futuro imperio terrenal, y eso les cegaba la inteligencia con respecto tanto a los datos de la profecía como a las palabras de Cristo.
Cumplieron su deber presentando a la nación judaica el llamamiento misericordioso, y luego en el momento mismo cuando esperaban ver a su Señor ascender al trono de David, lo vieron aprehendido como malhechor, azotado, escarnecido, condenado y levantado en la cruz del Calvario. ¡Qué desesperación y qué angustia desgarraron los corazones de esos discípulos mientras su Señor dormía en la tumba!
Cristo había venido en el tiempo exacto y en la manera como lo anunciaba la profecía. El testimonio de las Escrituras se había cumplido en cada detalle de su ministerio. Había predicado el mensaje de salvación, y "su palabra tenía autoridad". Los corazones de sus oyentes habían atestiguado que el mensaje venía del Cielo. La Palabra y el Espíritu de Dios confirmaban el carácter divino de la misión de su Hijo . . .
Lo que los discípulos habían anunciado en nombre de su Señor, era exacto en todo sentido, y los acontecimientos predichos estaban realizándose en ese mismo momento. "Se ha cumplido el tiempo, y se ha acercado el reino de Dios", había sido el mensaje de ellos. Transcurrido "el tiempo": Las sesenta y nueve semanas del capítulo noveno de Daniel debían extenderse hasta el Mesías, "el Ungido" -Cristo había recibido la unción del Espíritu después de haber sido bautizado por Juan en el Jordán-, y el "reino de Dios", que habían declarado estar próximo, se estableció mediante la muerte de Cristo. Este reino no era un imperio terrenal, como se les había enseñado a creer. No era tampoco el reino venidero e inmortal que se establecerá cuando "el reino, y el dominio, y el señorío de los reinos por debajo de todos los cielos, será dado al pueblo de los santos del Altísimo"; ese reino eterno en que "todos los dominios le servirán y le obedecerán a él" (Dan. 7: 27, VM). La expresión "reino de Dios", tal cual la emplea la Biblia, significa tanto el reino de la gracia como el de la gloria. San Pablo presenta el reino de la gracia en la epístola a los Hebreos. Después de haber hablado de Cristo como del intercesor que puede "compadecerse de nuestras flaquezas", el apóstol dice: "Lleguémonos pues confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia" (Heb. 4: 16). El trono de la gracia representa el reino de la gracia; pues la existencia de un trono presupone la existencia de un reino. En muchas de sus parábolas Cristo emplea la expresión "el reino de los cielos", para designar la obra de la gracia divina en los corazones de los hombres.
Asimismo el trono de la gloria representa el reino de la gloria, y a ese reino se refería el Salvador en las palabras: "Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria; y serán reunidos delante de él todas las gentes" (Mat. 25: 31, 32). Este reino está aún por venir. Se establecerá en ocasión del segundo advenimiento de Cristo.
El reino de la gracia fue instituido inmediatamente después de la caída del hombre, cuando se ideó un plan para la redención de la raza culpable. Este reino existía entonces en el designio de Dios y por su promesa, y mediante la fe los hombres podían llegar a ser sus súbditos. Sin embargo, no fue establecido en realidad hasta la muerte de Cristo. Aun después de haber iniciado su misión terrenal, el Salvador, cansado de la obstinación y la ingratitud de los hombres, habría podido retroceder ante el sacrificio del Calvario. En el Getsemaní la copa del dolor le tembló en la mano. Aun entonces hubiera podido enjugar el sudor de sangre de su frente y dejar que la raza culpable pereciera en su iniquidad. Si así lo hubiera hecho, no habría habido redención para la humanidad caída. Pero cuando el Salvador rindió la vida y exclamó con su último aliento: "Consumado es", entonces el cumplimiento del plan de redención quedó asegurado. La promesa de salvación hecha a la pareja culpable en el Edén quedó ratificada. El reino de la gracia, que hasta entonces existía por la promesa de Dios, quedó establecido.
Así, la muerte de Cristo -el mismo acontecimiento que los discípulos habían considerado como la ruina final de sus esperanzas fue lo que las aseguró para siempre. Si bien es verdad que esa muerte fue para ellos un cruel desengaño, no dejaba de ser la prueba suprema de que su creencia había sido bien fundada. El acontecimiento que los había llenado de tristeza y desesperación fue lo que abrió para todos los hijos de Adán la puerta de la esperanza, en la cual se concentraban la vida futura y la felicidad eterna de todos los fieles siervos de Dios de todas las edades . . .
Después de su resurrección, Jesús apareció a sus discípulos en el camino a Emaús, y "comenzando desde Moisés y todos los profetas, les iba interpretando en todas las Escrituras las cosas referentes a él mismo" (Luc. 24: 27, VM). Los corazones de los discípulos se conmovieron. Su fe se reavivó. Fueron reengendrados "en esperanza viva", aun antes que Jesús se revelara a ellos. El propósito de éste era iluminar sus inteligencias y fundar su fe en la "palabra profética" "más firme". Deseaba que la verdad se arraigara firmemente en su espíritu, no sólo porque era sostenida por su testimonio personal, sino a causa de las pruebas evidentes suministradas por los símbolos y sombras de la ley ceremonial, y por las profecías del Antiguo Testamento. Era necesario que los discípulos de Cristo tuvieran una fe inteligente, no sólo en beneficio propio, sino para comunicar al mundo el conocimiento de Cristo. Y como primer paso en la comunicación de ese conocimiento, Jesús dirigió a sus discípulos a "Moisés y a todos los profetas". Tal fue el testimonio dado por el Salvador resucitado en cuanto al valor e importancia de las Escrituras del Antiguo Testamento.
¡Qué cambio fue el que se efectuó en los corazones de los discípulos cuando contemplaron una vez más el amado semblante de su Maestro! (Luc. 24: 32.) En un sentido más completo y perfecto que nunca antes, habían hallado "a Aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas". La incertidumbre, la angustia, la desesperación dejaron lugar a una seguridad perfecta, a una fe serena. ¿Qué puede sorprendernos, entonces, que después de su ascensión ellos estuvieran "siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios"? El pueblo, que no tenía conocimiento sino de la muerte ignominiosa del Salvador, observaba para descubrir en sus semblantes una expresión de dolor, confusión y derrota; pero sólo veía en ellos alegría y triunfo. ¡Qué preparación habían recibido para la obra que les esperaba! . . .
La lección de 1844
Lo que experimentaron los discípulos que predicaron el "Evangelio del reino" cuando vino Cristo por primera vez, tuvo su contraparte en lo que experimentaron los que proclamaron el mensaje de su segundo advenimiento. Así como los discípulos fueron predicando: "Se ha cumplido el tiempo, y se ha acercado el reino de Dios", así también Miller y sus asociados proclamaron que estaba a punto de terminar el período profético más largo y el último de que habla la Biblia, que el juicio era inminente y que el reino eterno iba a ser establecido. La predicación de los discípulos en cuanto al tiempo se basaba en las setenta semanas del capítulo noveno de Daniel. El mensaje proclamado por Miller y sus colaboradores anunciaba la conclusión de los 2.300 días de Daniel 8: 14, de los cuales las setenta semanas forman parte. En cada caso la predicación se fundaba en el cumplimiento de una parte diferente del mismo gran período profético.
Como los primeros discípulos, Guillermo Miller y sus colaboradores no comprendieron ellos mismos enteramente el alcance del mensaje que proclamaban. Los errores que existían desde hacía largo tiempo en la iglesia les impidieron interpretar correctamente un punto importante de la profecía. Por eso, si bien proclamaron el mensaje que Dios les había confiado para que lo dieran al mundo, sufrieron un desengaño debido a un falso concepto de su significado.
Al explicar Daniel 8: 14: "Hasta dos mil y trescientas tardes y mañanas; entonces será purificado el santuario", Miller, como ya lo hemos dicho, aceptó la creencia general de que la tierra era el santuario, y creyó que la purificación de éste representaba la purificación de la tierra por el fuego en ocasión de la venida del Señor. Por consiguiente, cuando echó de ver que el fin de los 2.300 días estaba predicho con precisión, sacó la conclusión de que esto revelaba el tiempo del segundo advenimiento. Su error provenía de que había aceptado la creencia popular relativa a lo que constituye el santuario.
En el sistema simbólico -que era sombra del sacrificio y del sacerdocio de Cristo- la purificación del santuario era el último servicio efectuado por el sumo sacerdote en el ciclo anual de su ministerio. Era el acto final de la obra de expiación, una remoción o eliminación del pecado de Israel. Prefiguraba la obra final del ministerio de nuestro Sumo Sacerdote en el cielo, en el acto de borrar los pecados de su pueblo, consignados en los libros celestiales. Este servicio presupone una obra de investigación, una obra de juicios y precede inmediatamente a la venida de Cristo en las nubes del cielo con gran poder y gloria, pues cuando él venga, la causa de cada uno habrá sido fallada. Jesús dice: "Mi galardón está conmigo, para dar la recompensa a cada uno según sea su obra" (Apoc. 22: 12, VM). Esta obra de juicio, que precede inmediatamente al segundo advenimiento, es la que se anuncia en el primer mensaje angelical de
Apocalipsis 14: 7: "¡Temed a Dios y dadle honra; porque ha llegado la hora de su juicio!" (VM).Los que proclamaron esta amonestación dieron el debido mensaje a su debido tiempo. Pero así como los primeros discípulos declararon: "Se ha cumplido el tiempo, y se ha acercado el reino de Dios", fundándose en la profecía de Daniel 9, sin darse cuenta de que la muerte del Mesías estaba anunciada en el mismo pasaje bíblico, así también Miller y sus colaboradores predicaron el mensaje fundado en Daniel 8: 14 y Apocalipsis 14: 7 sin echar de ver que el capítulo 14 de Apocalipsis implicaba otros mensajes que también debía ser proclamados antes del advenimiento del Señor. Como los discípulos se equivocaron en cuanto al reino que debía establecerse al fin de las setenta semanas, así también los adventistas se equivocaron en cuanto al acontecimiento que debía producirse al fin de los 2.300 días. En ambos casos la circunstancia de haber aceptado errores populares, o mejor dicho de haberse adherido a ellos, fue lo que impidió que vieran la verdad. Ambos grupos cumplieron la voluntad de Dios al proclamar el mensaje que él deseaba fuera anunciado, y ambos, debido a su comprensión equivocada del mensaje, sufrieron desengaños.
Sin embargo, Dios cumplió su propósito misericordioso al permitir que el juicio fuese proclamado precisamente como lo fue. El gran día estaba cercano, y en la providencia de Dios sus hijos fueron probados con respecto a un tiempo definido, a fin de que se manifestara lo que había en sus corazones. El mensaje tenía por objeto probar y purificar la iglesia. Los hombres debían ser inducidos a ver si sus afectos dependían de las cosas de este mundo o de Cristo y el Cielo. Profesaban amar al Salvador; debían, pues, probar su amor. ¿Estarían dispuestos a renunciar a sus esperanzas y ambiciones mundanas, para saludar con gozo el advenimiento de su Señor? El mensaje tenía por objeto hacerles ver su verdadero estado espiritual; fue enviado misericordiosamente para despertarlos a fin de que buscaran al Señor con arrepentimiento y humillación.
Además, si bien el desengaño fue el resultado de una comprensión equivocada del mensaje que anunciaban, Dios iba a encaminar todo para bien. Los corazones de los que habían profesado recibir la amonestación iban a ser probados. En presencia de su desengaño, ¿se apresurarían a renunciar a su experiencia y a abandonar su confianza en la Palabra de Dios, o con oración y humildad procurarían descubrir en qué puntos no habían comprendido el significado de la profecía? ¿Cuántos habían obrado por temor o por impulso y arrebato? ¿Cuántos eran de corazón indeciso e incrédulo? Muchos profesaban anhelar el advenimiento del Señor. Al tener que sufrir las burlas, el oprobio del mundo y la prueba de la demora y del desengaño, ¿renunciarían a su fe? Porque no pudieron comprender de inmediato los caminos de Dios para ellos, ¿rechazarían verdades confirmadas por el testimonio más claro de su Palabra?
Esta prueba revelaría la fortaleza de los que con verdadera fe habían obedecido lo que creían ser la enseñanza de la Palabra y el Espíritu de Dios. Ella les enseñaría, como sólo esa experiencia lo podía hacer, el peligro que hay en aceptar las teorías e interpretaciones de los hombres en lugar de dejar que la Biblia se interprete a sí misma. La perplejidad y el dolor que iban a resultar de su error producirían en los hijos de la fe el escarmiento necesario. Los inducirían a profundizar aún más el estudio de la palabra profética. Aprenderían a examinar más detenidamente el fundamento de su fe, y a rechazar todo lo que no estuviera fundado en la verdad de las Sagradas Escrituras, por muy amplia que fuese su aceptación en el mundo cristiano.
A estos creyentes les pasó lo que a los primeros discípulos: Lo que en la hora de la prueba parecía oscuro a su inteligencia, les fue aclarado después. Cuando vieron "el fin del Señor", supieron que a pesar de la prueba que resultó de sus errores, los propósitos del amor divino hacia ellos no habían dejado de seguir cumpliéndose. Merced a tan bendita experiencia llegaron a saber que "el Señor es muy misericordioso y compasivo"; que todos sus caminos "son misericordia y verdad, para los que guarden su pacto y sus testimonios" (El Gran Conflicto, págs. 391-403).

``La Ventaja Adventista ´´ - Larry Beeson



Sea una simple radio o una compleja y enorme pantalla para un televisor estereofónico, una batidora o el último automóvil, todo lo que tú compras viene con un manual del dueño. El fabricante espera que tú leas el manual antes de que empieces a usar tu nueva adquisición. Tú acudirás al manual tan frecuentemente como sea necesario a fin de comprender el mecanismo y el funcionamiento del producto y para asegurarte de que sirva mejor y dure más tiempo.
Si eso es así con una batidora o un automóvil, ¿cuánto más deberíamos cuidar de nuestro cuerpo, quizá el sistema más complejo que jamás hayamos conocido?
La Biblia nos informa que "Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente" (Génesis 2:7). El Creador también nos ha dado su manual para el debido cuidado y tratamiento de nuestro cuerpo. Este manual es la Biblia y se nos anima a leerla para una mejor comprensión del cuidado del cuerpo. Pablo dice: "¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo...? Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo" (1 Corintios 6:19-20). En adición a otros significados que este pasaje pueda encerrar, uno relevante para nuestro estudio es la cuestión de qué habremos de comer y de beber.
La epidemiología de los adventistas
Durante las últimas décadas, diversas organizaciones relacionadas con la salud dentro y fuera de los Estados Unidos (por ejemplo, los Institutos Nacionales de Salud, la Sociedad Americana de Cáncer, la Asociación Americana del Corazón, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos, la Organización Mundial de la Salud, etc.) han provisto evidencias epidemiológicas en cuanto a qué características del estilo de vida promueven la salud y frenan el proceso de la enfermedad. Parte de esa evidencia proviene de investigaciones de salud sobre los adventistas del séptimo día. Dichas investigaciones se han concentrado en los adventistas por dos razones. Primero, ellos tienden a ser más homogéneos en muchas de sus elecciones relacionadas con el estilo de vida, tales como el evitar el alcohol y el tabaco. Segundo, los adventistas son más heterogéneos en sus hábitos nutricionales: varían desde vegetarianos estrictos (dieta sin productos animales) hasta lacto-ovovegetarianos (dieta que incluye productos lácteos y huevos, pero no carne) y omnívoros (consumidores de todo, incluso carne). Se han publicado más de 250 artículos alrededor del mundo sobre las ventajas de salud de los adventistas. La mayor parte de lo que se describe a continuación se refiere a investigaciones conducidas por investigadores de la Universidad de Loma Linda sobre los adventistas en California. Pero se han informado hallazgos similares respecto a los adventistas en Noruega, Holanda, Polonia, Dinamarca, Japón, Australia y otros países.
El Estudio de Mortalidad Adventista (EMA)
El primer estudio epidemiológico importante de adventistas comenzó en 1958. Se lo conoce como el Estudio de Mortalidad Adventista (EMA) e implicó a 22.940 adventistas blancos no hispanos en California.1 Los hallazgos de este estudio sobre adventistas fue comparado con un estudio similar de no adventistas conducido por la Sociedad Americana de Cáncer durante el mismo período. Ambos estudios utilizaron a personas voluntarias en California que eran relativamente bien educadas en comparación con el californiano promedio. Ambos estudios obtuvieron copias de certificados de defunción de participantes en el estudio que habían muerto durante los años consecutivamente subsiguientes. Las similitudes entre los grupos eran importantes porque se había encontrado que los individuos que se prestan como voluntarios para tales estudios tienden a ser más sanos que la población en general, y aquellos que se encuentran en las clases económicas superiores por lo general tienden a tener índices inferiores de enfermedad. De esta manera, el Estudio de Mortalidad Adventista y el estudio de la Sociedad Americana de Cáncer proveyeron una comparación razonablemente imparcial entre adventistas y no adventistas.
La comparación reveló lo siguiente: Si la mortalidad por cáncer en el Estudio de la Sociedad Americana de Cáncer era de 100, la mortalidad para los adventistas era de 60 para los hombres y de 76 para las mujeres. Esto significa que después de hacer los ajustes por diferencias en distribuciones de edad en los dos estudios, los hombres adventistas tenían un índice de muerte por cáncer significativamente más bajo para un grupo de edad dada en comparación de lo que podría esperarse para un grupo comparable. Esto significa que los hombres adventistas todavía morían de cáncer, pero a una edad mucho más avanzada que los hombres no adventistas. Lo mismo puede decirse de las mujeres adventistas. Puesto que no hay una razón a priori para creer que los adventistas de California son genéticamente diferentes de los no adventistas, la hipótesis es que una o más de las características del estilo de vida o de las influencias ambientales pueden ser responsables del retraso en la muerte por cáncer.
Puesto que se ha demostrado que el hábito de fumar es un factor principal para causar el cáncer, los investigadores del EMA compararon los índices de mortalidad de los no fumadores de ambas poblaciones. Como podría esperarse, los índices de mortalidad de estos no adventistas se aproximaban más a los de los adventistas. Sin embargo, en términos generales persistía una ventaja para los adventistas, la que ahora no podía atribuirse a las diferencias en el uso de tabaco en el pasado. De esta manera, otras características de los adventistas, aparte de su condición de no fumadores, tales como la dieta y quizás el apoyo social, son también claramente importantes en la reducción del riesgo de enfermedad.
Los adventistas también parecían tener un retraso en muertes por problemas cardiovasculares. Si el índice de muerte por enfermedades cardíacas coronarias en el estudio de la Sociedad Americana de Cáncer es considerado como el 100 por ciento, los hombres adventistas tenían sólo 66 por ciento de lo que se esperaba. Las mujeres adventistas mostraban solamente una pequeña reducción, con 98 por ciento. Los hombres adventistas también morían de apoplejía (embolia cerebral) pero su índice de muerte era de sólo 72 por ciento en comparación de sus contrapartes no adventistas. Para las mujeres adventistas, su índice de muerte por embolia era 82 por ciento de lo que ocurría entre las no adventistas.
De este modo, de acuerdo con estos estudios, se evidencia con claridad que el estilo de vida adventista provee cierta protección contra el cáncer y otras enfermedades fatales. Pero las diferencias en los índices de mortalidad entre los adventistas y los otros pueden deberse por lo menos a dos escenarios: (1) Los adventistas pueden contraer una enfermedad particular en la misma proporción que los otros, pero alcanzan a sobrevivir más tiempo con la enfermedad a causa de un mejor acceso a atención médica o a un sistema inmune mejorado o a un mejor estilo de vida; y/o (2) los adventistas en realidad contraen la enfermedad en un porcentaje de incidencia más bajo que los no adventistas. Podría ser que estas dos posibilidades contribuyeran a los índices de mortalidad inferiores observados entre los adventistas. Pero los estudios de mortalidad como el EMA no pudieron resolver este asunto. El Estudio de Mortalidad Adventista suscitó una serie de preguntas interesantes. ¿Qué hay en su estilo de vida que capacita a los adventistas para vivir más? ¿Las diferencias en el estilo de vida adventista producirían en sí mismas diferentes riesgos para contraer enfermedades específicas, tanto fatales como no fatales?
El Estudio de Salud Adventista (ESA)
El ESA es otro estudio importante de adventistas de California, fundado por el Instituto Nacional de Cáncer y el Instituto Nacional del Corazón, Pulmón y Sangre. Comenzó en 1974 y fue conducido por investigadores de la Universidad de Loma Linda. El estudio incorporó la incidencia (esto es, nuevos casos) de cáncer y enfermedades del corazón en la investigación siempre extensible sobre las características del estilo de vida adventista que capacitaba a los adventistas para tener una "ventaja de salud". Similarmente al estudio de EMA, se obtuvieron certificados de defunción para documentar la causa subyacente de muerte de los miembros que murieron durante el estudio. Se usaron registros de los hospitales para todos los casos no fatales. El índice de respuesta de los sujetos blancos no hispanos al cuestionario sobre estilo de vida enviado por correo fue el más alto de cualquier grupo étnico y totalizó 34.198 respuestas. Este grupo se convirtió en la porción de "estudio de incidencia" del ESA2 en esos nuevos casos (incidencia) de cáncer fatal o no fatal y de infarto del miocardio diagnosticados después que se verificó que se había completado la parte básica del cuestionario sobre el estilo de vida.
El ESA y el EMA tenían algunas diferencias básicas. Una de ellas consistía en que el ESA fue diseñado para descubrir qué componentes del estilo de vida adventista ofrecen protección contra la enfermedad. No ha sido un objetivo principal del ESA comparar los índices de incidencia de enfermedad o de mortalidad entre adventistas y no adventistas, sino que el ESA fue primariamente diseñado para observar variaciones en el estilo de vida entre los mismos adventistas y ver cómo esas variaciones se reflejaron en cambios en el riesgo de enfermedad.
El ESA también añadió una investigación más detallada de la dieta en comparación con el cuestionario de la Sociedad Americana del Cáncer de 1960 usado por el EMA. Más aún, el cuestionario del ESA incluía preguntas sobre la historia médica previa, terapia de drogas, actividad física y una variedad de preguntas psicosociales. Cuando se completó el acopio de la información de seguimiento, fueron auto-informadas 32.000 hospitalizaciones (debidas a diversas causas), representando a más de 18.000 diferentes participantes. De los hospitales involucrados, 698 eran de California y 960 eran de fuera de dicho estado. Estos hospitales fueron contactados en un seguimiento de seis años de todos aquellos que completaron la información básica del cuestionario sobre el estilo de vida.
Un perfil básico de la población del ESA mostró una edad promedio de 51 años para los hombres y 53 para las mujeres. La proporción de sujetos que habían sido diagnosticados por un médico como hipertensos era cercana a lo que podía esperarse de una población adulta. Aunque un modesto número de sujetos admitieron haber fumado en el pasado —generalmente antes de unirse a la Iglesia Adventista—, virtualmente en la actualidad no había fumadores en la población. Una proporción relativamente grande informó que hacía ejercicio con una frecuencia por lo menos moderada. La población del estudio, formada de un 60 por ciento de mujeres, tendía a tener buena educación. Un poco más de la mitad de los participantes del ESA dijeron que comían carne menos de una vez por semana, pero la mayoría de ellos eran lacto-ovovegetarianos.
Influencia del estilo de vida
¿Qué revelaron estos estudios en cuanto a la influencia del estilo de vida sobre la reducción de incidencias de enfermedad y sobre la mortalidad?
Cáncer del pulmón. El factor de riesgo mayor para el cáncer del pulmón es por lejos la exposición crónica al humo del tabaco, tanto por fumar activamente como en forma pasiva ("fumar de segunda mano"). Se ha comprobado que el trabajar o vivir con un fumador aumenta las posibilidades de desarrollar cáncer en el tracto respiratorio. El ESA demostró3 que los individuos podían ulteriormente reducir sus posibilidades de desarrollar cáncer del pulmón no sólo al minimizar su exposición al humo del tabaco, sino también incorporando en su dieta una variedad de frutas, muchas de las cuales contienen componentes (por ejemplo, vitaminas antioxidantes) que se cree que habilitan al cuerpo para rechazar el cáncer. Los adventistas que consumían fruta dos veces por día o más tenían sólo 25 por ciento de probabilidad de desarrollar cáncer de pulmón en comparación con los individuos que consumían fruta menos de tres veces por semana, hecho que se observó en adventistas que previamente habían dejado de fumar como también en adventistas que nunca habían fumado. 10
Cáncer de la próstata. De acuerdo con un cálculo,4 29 por ciento de todos los nuevos cánceres que fueron diagnosticados entre los varones de los Estados Unidos en 1998 tuvieron que ver con la glándula de la próstata, y la incidencia de esta enfermedad ha estado aumentando durante las últimas décadas. Se han observado fuertes relaciones protectoras5 en los hombres adventistas que consumían cantidades moderadas de legumbres (tales como frijoles o porotos, lentejas, arvejas), fruta cítrica fresca, fruta seca (por ejemplo, pasas de uva y dátiles) y tomates.
Cáncer del seno. A mediados de la década de 1980, el cáncer del pulmón sobrepasó al cáncer del seno como el cáncer más comúnmente diagnosticado en las mujeres de los Estados Unidos.6 Sin embargo, en poblaciones de no fumadores, como es el caso de los adventistas, el cáncer del seno todavía es el cáncer recién diagnosticado que está a la cabeza. Los factores de riesgo conocidos para el cáncer del seno incluyen: creciente exposición a hormonas de estrógeno y/o progesterona, monarquía temprana, menopausia tardía y obesidad en mujeres que están en el período postmenopáusico. Los factores que pueden proteger contra el desarrollo del cáncer del seno incluyen: exposición reducida a las hormonas de estrógeno y/o progesterona, embarazo temprano de primer término, lactancia y actividad física. En el ESA, las mujeres que practicaron ejercicio vigorosamente tuvieron una reducción del 21 por ciento en el riesgo de por vida de cáncer del seno y un retraso de 6,6 años, como promedio, de la edad en la cual se diagnostica este cáncer en comparación de las mujeres que practican ejercicio infrecuentemente.7 La inactividad física tuvo su efecto más importante sobre la edad de diagnosis más bien que sobre el riesgo de por vida. El efecto protector de la actividad física sobre el riesgo de cáncer del seno puede ser particularmente pronunciado en edades tempranas, en tanto que los beneficios del ejercicio no se vieron claramente en mujeres postmenopáusicas.
Cáncer de la vejiga. El hábito de fumar es un gran factor de riesgo para contraer cáncer de la vejiga. Los adventistas que habían fumado antes de unirse a la iglesia tenían un riesgo más de dos veces mayor de sufrir cáncer de la vejiga que aquellos que nunca habían fumado. Las investigaciones mostraron que las personas que tienen un alto índice de consumo de productos animales tienen un riesgo mayor de contraer cáncer de la vejiga. Aproximadamente 50 por ciento de los participantes en el ESA eran lacto-ovovegetarianos. Los adventistas que evitaban la carne vacuna, de aves y de pescado tuvieron menos de la mitad de riesgo de contraer cáncer de la vejiga, en comparación con aquellos que consumían estos alimentos tres veces por semana o más.8
Cáncer del páncreas. El ESA observó que un mayor consumo de legumbres, frutas secas y productos con proteínas vegetarianas (tales como la soja, el gluten y productos basados en nueces) se asociaba con una relación protectora altamente significativa respecto al riesgo de tener cáncer del páncreas.9
Otros cánceres. El ESA ha investigado otros cánceres (cáncer del colon,10 tumores del cerebro y meninges craneales,11 y leucemia y mieloma12) y ha observado que los que siguen el "estilo de vida adventista" con más fidelidad son los que también tienen una posibilidad más reducida de adquirir cualquiera de las enfermedades crónicas investigadas.
Enfermedad del corazón. El ESA no sólo investigó la relación entre una variedad de prácticas del estilo de vida y la incidencia de cánceres y cánceres fatales, sino que también estudió los factores que se relacionan con las enfermedades del corazón. Un hallazgo fascinante del ESA que ha sido repetido por investigadores en otras poblaciones fue que el consumo frecuente de frutas oleaginosas (nueces, almendras, avellanas, etc.) cinco veces por semana o más (aproximadamente un puñado cada vez), se asociaba con una cantidad sustancial de menos eventos definidamente fatales de enfermedades coronarias del corazón y definidos infartos del miocardio no fatales (ataques del corazón), en comparación con aquellos que consumían oleaginosas menos de una vez por semana.13 Pero puesto que las oleaginosas son generalmente muy altas en grasa, el consumirlas en grandes cantidades puede no ser tan beneficioso.
Los adventistas que comían principalmente pan integral experimentaron una reducción del 40 por ciento en el riesgo de tener un ataque al corazón, en comparación con los que comían mayormente pan blanco. También hubo un riesgo más del doble mayor de sufrir un ataque al corazón entre los hombres que consumían carne de res (de vaca) por lo menos tres veces por semana, en comparación con los vegetarianos. Los adventistas que practicaban ejercicio regularmente 15 minutos o más por lo menos tres veces por semana, redujeron significativamente el riesgo de morir de un ataque al corazón.
Pirámide nutricional vegetariana
Basadas en la evidencia epidemiológica internacional de las últimas décadas, que incluye los resultados de estudios sobre los adventistas, diversas organizaciones del mundo entero relacionadas con la salud han abogado por un estilo de vida dietético que busca reducir el riesgo de cáncer, enfermedades del corazón y otras enfermedades crónicas. La pirámide de la guía nutricional (ver figura adjunta) ilustra la contribución relativa de estos diferentes elementos alimenticios. En la base de la pirámide se encuentran los panes integrales y los cereales. Luego están las frutas y los vegetales. Muchas personas no comen suficientemente de estos alimentos que tienen muchos elementos protectores como las vitaminas. El siguiente nivel de la pirámide nos da los alimentos que proveen proteínas y minerales. Necesitamos menos porciones de estos alimentos. Finalmente, en la cúspide de la pirámide están los dulces, las grasas y los aceites, de los cuales necesitamos muy poco.
Si estas recomendaciones son en realidad útiles para reducir las enfermedades crónicas, entonces parece lógico que debiéramos observar una reducción de estas enfermedades en una población que ha estado siguiendo estos principios por más de 100 años. Y esto es exactamente lo que encontramos en los estudios que se han hecho de los adventistas.
Es tu turno
Hace más de cien años Elena White, cofundadora de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, hizo la siguiente observación: "La salud es un tesoro. De todas las posesiones temporales es la más preciosa. La riqueza, el saber y el honor se adquieren a un precio elevado, cuando se obtienen a costa de la pérdida del vigor de la salud. Pero ninguna de estas cosas puede asegurar la felicidad, si la salud llega a faltar".14 La prevención de la enfermedad tiene mucho más sentido que su tratamiento. No permitas que tu Biblia se cubra de polvo. Lee el "manual del dueño" que está en tus manos y descubre lo que el Diseñador Maestro ha planeado para ti.